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Podcast de video sobre tejer

Podcast de video sobre tejer

El podcast de vídeo también se llama video podcast, vodcast o videocast.

El formato preferido de vídeo es m4v o mp4, y pueden ser creados y/o descargados por los usuarios.

Normalmente están subidos a la plataforma Youtube y con las televisiones tan modernas que hay ahora en las casas puedes verlo tranquilamente en el sofá mientras haces tu hobbie favorito (tejer claro).

También hay plataformas como ivoox especializadas en ello.

El otro día pregunté en instagram sobre los de tejer que más les gustaban y aquí está el resultado.

Porque claro; los hay de todo lo que puedas imaginar: informática, música, lectura, historia.

En el post de hoy les dejo un listado de algunos podcast en español.

Otro día hablaremos en otros idiomas.

A todo punto
Casa de la Vega
Chileknitz
Desmadejada
El podcast de miso
Fik Knits
Jabón y Punto
Knit es tejer 
Knitting Amigas
Las arañas tejedoras
Mamma do it yourself
Merino Feroz
Muéstrame tu tejido
PimpamTeje
Silencio estoy contando

Té con lana
Tejer en ingles
Tejido en Brooklyn 
Tejo y tiño 
Tres Pompones

Mención especial: Sonia Tejete (la loca de los podcast vs vecina de la loca de los gatos)
Gracias: Guna, Isatejedora, FerranMoreno, PatriLB, MerceCV, DavidTricot, Pimpamteje

vblog camara

¿Sabías qué?

Podcast es : emisión de radio o de televisión que un usuario puede descargar de internet mediante una suscripción previa y escucharla tanto en una computadora como en un reproductor portátil.

Generalmente son grabaciones de audio o video originales, pero también pueden ser transmisiones grabadas de un programa de televisión o radio, una conferencia, una presentación o cualquier otro evento.

Permiten dirigirse a un público específico o bien delimitado: Gracias a la naturaleza de Internet es posible alcanzar de forma cercana a públicos reducidos o con intereses específicos.

Permite entregar contenido de forma regular y periódica.

¿Te has planteado hacer un podcast? ¿será que los blogs al uso ya no tienen futuro y hay que pasarse al video? ¿o eres de los que siguen leyendo post?

2322.- Reciclando en casa

2322.- Reciclando en casa

¿Que tal? ¡Feliz Domingo! Hoy vamos a reciclar. No es necesario comprar mas cosas si podemos convertir lo que tenemos en algo nuevo. ¿verdad?

Imagen via “Au pays des cactus

Transformar un archivador en una casa. ¿Se imaginan todos los archivadores en plan pueblito? Via “au pays des cactus“.
Imagen via “the vow

¿Quién no tiene un cable por medio del salón, despacho, …? Poniéndole cuerda da un aspecto mas rústico y decorativo. Via “the vow“.
Imagen via “mon ampersand

Algo que me pasa es que no consigo que la parte de dentro de la cafetera me quede totalmente limpia ¿será la cal? Así que mas o menos 2 veces al año tengo que cambiarla. Ahora, antes de tirarla la reutilizaré por ejemplo de florero . Via “mom ampersand“.
Imagen via  “belelu

Las cajas de galletas se pueden convertir en costureros. Via “belelu

Imagen via “nur noch

Si tuviera espacio en casa decoraría una pared con todos los libros que tengo ¡sería chulisimo! Via “nur noch“.
Imagen via “decor viva

Uis, esta idea me parece lo mas!!! Antes de tirar esa cajonera que ya no te sirve dale una nueva utilidad, conviértela en una mesa. Via “decor viva“.
¿Que te han parecido las ideas? ¿Cual es la que mas te ha gustado?
2233.- La deshumanización del ser humano.

2233.- La deshumanización del ser humano.

¡Gran paradoja! Somos, supuestamente, seres humanos pero francamente, estamos harto deshumanizados. 
Mafalda por Quino.
Os cuento lo que viví ayer en primera persona y luego ya vosotras, opináis.
El hijo de una amiga y vecina es un niño precioso de ocho años que tiene autismo. Es un niño rubio, alto, guapo, con unos enormes ojos azules… ¡Una bendición del cielo! Pero es diferente. Y ya está. Sin mayores dramatismos pero con todo el peso de lo que eso significa.
Ayer por la noche, cuando volvíamos a casa después del dentista, parados en un semáforo apunto de entrar en la calle que nos lleva a nuestra casa, me dice la niña: “mamá, ¿eso es un niño tirado en el suelo?” Miro y veo, efectivamente, a un niño tirado en el suelo y lo que me parece otro niño, jugando con él, echándosele encima. Y le contesto, “sí, están jugando.” Además, veo que pasa al lado una señora y pienso que si fueran dos niños peleando, ella ya les habría separado o reñido. Pero como pasa tal cual, sigo dando por hecho que son niños jugando.
Sin embargo, al pasar a su altura, me doy cuenta que es una chica intentando levantar a un niño y que el niño no puede andar o no quiere andar pero, como llevo a un plasta pegado al culo (¡qué rabia que me da!) no puedo parar. Y en esas me dice la niña, “mamá, ¡es Javi!” 
Rápidamente di la vuelta a la manzana, aparqué en doble fila, dejé a los tres niños metidos en el coche y corrí a ayudar a la terapeuta de Javi y a Javi que estaba literalmente tirado en el suelo boca a bajo todo lo largo que es. 
Había gente parada en el semáforo y sólo un hombre, que iba a correr al parque, se dió media vuelta para preguntarnos si necesitábamos ayuda a lo que, la terapeuta, respodió que no.
Entre las dos conseguimos levantarle y, con el buen hacer de ella, por fin, llegaron a casa sanos y salvos. 
Al volver a mi coche, otra vez la niña de doce años (y recalco lo de los doce años) me dice, “había gente a vuestro lado, pasando, y no os han ayudado.” A lo que no me quedó más remedio que contestarle, “sí, hija, sí. El ser humano está totalmente deshumanizado.”
¿Cómo puede ser que veas a un niño tirado en el suelo y a una persona intenado levantarle y no ayudes? No estaba llorando ni tenía ningún mal comportamiento que te pudiera dar la impresión que no era más que una rabieta. Claramente se veía que el adulto estaba intentado levantar a un niño y que el niño no quería o no podía levantarse. 
Y lo ves, ¿y no haces nada? ¿Ni siquiera preguntas si necesitan ayuda?
Es lamentable. Es horrible comprobar que nos tratamos como meras piedras. No queremos ver. No queremos meternos en problemas. Nos ponemos las manos a los lados y así, sólo vemos nuestro camino y si hay una “piedra” en el medio, en el mejor de los casos la saltamos y en el peor, la pisamos y punto.
Y lo más triste es que luego, muchas de esas personas, se consideran súper humanas y caritativas porque mandan dinero a los niños de África o para la escuela de los niños del Perú. Pero, para su vecino que sólo necesita una mano amiga, un vaso de leche, o un “¿qué tal?¿necesita ayuda?”no están. No, no sea que les genere un problema. Y no queremos problemas. Queremos una existencia carente de sufrimiento. Y si alguien sufre, lo quiero lejos. No a mi lado que si no, me amarga mi existencia.  ¡Mi frágil existencia!
Seguro que esas personas son de las que cuelgan fotos horribles de niños abandonados o enfermos en Facebook (lo odio y estoy totalmente en contra de esas fotos) y les dan muchos “me gustan”con lágrimas en los ojos. Lágrimas de cocodrilo. 

¿Tanto cuesta ayudar? ¿Tanto cuesta alargar una mano para levantar a un niño? ¿Es pedir mucho sentir algo por tus congéneres y no pura indiferencia?
Me dolió enormemente que mis hijos comprobaran y vivieran in situ esa deshumanización. Ese pasotismo ante el dolor o la necesidad ajena pero, me alegra comprobar que ellos serán adultos humanos que sentirán el dolor y la alegría de sus congéneres. No como todas esas vacasburras que sólo están entre nosotros para hacer bulto.
¿Os ha pasado algo parecido? ¿Estáis de acuerdo con que, cada vez más, esta sociedad que se jacta de ayudar a todos, está cada vez más deshumanizada? ¿Es algo sólo de las ciudades o pasa también en los pueblos?
2202.- Un café con las amigas

2202.- Un café con las amigas

Seguro que ya lo habréis recibido por alguno de los miles de chats que todas tenemos en nuestro WhatsApp. Uno de esos textos enormes que te da una pereza leer que te mueres pero que, siempre, terminas leyendo. Y en este caso, para bien.
Y acompañado con tarta de chocolate, ¡mejor que mejor!
Para bien porque es un texto que dice una gran verdad. O al menos, en mi caso, se cumple al 100%. 
Por lo visto, en una conferencia en la Universidad de Standford sobre la conexión entre mente y cuerpo, sin ninguna certeza de que esta conferencia se produjera en realidad, se decía que para el hombre, lo mejor para su salud mental ( y la no mental, también) es casarse con una mujer. Y sin embargo, lo mejor para la salud mental de la mujer, lo mejor es cultivar la relación con sus amigas. Por supuesto sin querer entrar a valorar otras posibilidades de matrimonio porque no vienen al caso.
Porque mientras estamos charlando con nuestras amigas, compartiendo nuestros sentimientos, nuestras inquietudes, fabricamos más seratonina que nos ayuda a combatir la depresión y produce una sensación general de bienestar. Y yo lo certifico al ciento por cien.
No quiero decir con ésto que no me guste charlar con mi marido. Lo hago y mucho. Y lo buscamos. Buscamos los momentos sin niños para muchos cosas (;D) pero también para hablar de lo banal y lo no banal. De aquello que nos inquieta y también, para llegar a algún punto de conexión en aquello en lo que no estamos de acuerdo. A veces lo conseguimos y otra no pero, ¡eso también es otro tema y da para otro post!
En mi caso, necesito el café con mis amigas, la comida o la cena, o un simple paseo o caminata tanto como el comer. Porque yo necesito imperiosamente expresar lo que siento. No se guardármelo. Si algo me inquieta, necesito expresarlo para que esa inquietud, ese malestar, desaparezca o se mitigue. Para mi es muy importante conocer también la opinión de ellas. Porque, en la mayoría de los casos, los problemas no son tales. O, al menos, no son tan grandes o tan fuertes como nosotras lo vivimos. El compartirlos no ayuda a sofocarlos.
Y también me gusta escucharlas. Porque, escuchándolas, no sólo ayudo a que ellas se sientan mejor sino que además, me ayudan a mí a mejorar o a entender más facilmente algunas actitudes que no comprendo. O que no había sabido entender o ver de la misma manera si una de ellas no me hubiera abierto los ojos.
Pero, ¡no son todo problemas! También reírnos de nuestros defectos o de aquel novio tan feo que te echaste (o me eché) en la adolescencia. O reírnos de nuestras barrigas o lorcetas. O compartir la última tienda de ropa chula. O ese médico que te hizo ese “arreglillo”. O el peluquero que te dejó esas mechas tan bonitas. O aquel al que nunca volverás. Ese patrón de esa chaqueta de punto tan bonita que te hiciste. O ese blog que tanto te ayuda o te divierte…
En definitiva, compartir tu vida con tus amigas. A través del chat o del teléfono porque, físicamente, no están a tu lado pero psicológicamente las tienes pegaditas a ti en todo momento. Sentir su risa y sus lágrimas. Su cercanía. O su enfado que alguna vez, al menos a mí, me ha servido para darme cuenta de un error y calibrarme mejor. A mi, todo eso, me da la vida. Y desde luego que debo tener el ambiente cargadito de seratonina porque, gracias a Dios (o a los Dioses) puedo decir que tengo muchas y que las quiero mucho a todas.
¿Te tomas un café?¿Te apetece compartir tu seratonina conmigo?
2193.- Tatuajes tejeriles

2193.- Tatuajes tejeriles

A mucha gente le gustan los tatuajes. ¿Quién no se ha sentido tentado de hacerse algo relativo a su película o afición favorita? Los tatuajes laneros no son tan raros como parece, y además, los hay tan bonitos que incluso yo, que le tengo bastante respeto a las agujas, me pienso lo de hacerme uno.

Espero que os gusten los que os enseño hoy.

Via Pinterest
Via Square Piece
Via NWKnitter
Via Pinterest
Via Make and Do
Via Pinterest
2176.- Aprender a montar en bici

2176.- Aprender a montar en bici

¡Milagrosamente! Sí, milagrosamente.
Este año me tocaba, sí o sí, enseñar a montar en bici sin ruedines a mi hijo de seis años. Me daba una pereza increíble pues ya sabéis (casi) todas que significa eso: riñones al jerez y nervios por los suelos.
Sin embargo, ¡nada más lejos de la realidad!
Resulta que estaba el niño con la bici de un amiguito y yo, charlando con su madre. Cuando el niño quiere aprender a montar y, ni corta ni perezosa, engancho la bici por el manillar y por debajo del sillín. Vamos, lo típico. A lo que esta madre amiga me dice, “No, no. Así no. Cógele con dos deditos por el cuello. Así el niño va más recto y guarda mejor el equilibrio
Y, allá que va y agarra al niño con los dos deditos por el cuello, le mantiene así unos segundos mientras el niño va dando pedales y ¡le suelta! ¡Y se mantiene en la bici sin caerse durante unos segundos!
Yo no daba crédito a lo que estaba viviendo. Dentro de mi garganta podría haber aterrizado un 747 de lo abierta que tenía la boca. 
Ella hace eso por un par de veces y yo otras tantas y, ¡tachán! Soltamos al niño y pedalea tan pichi sin ruedines. 

Foto recién hecha del niño descalzo y en pijama sin casco porque es por el jardín de casa
Esta operación no nos llevó más de diez minutos. Y yo no hacía más que recordar el puñetero verano que me pasé enseñando a los dos mayores. ¡Todo un puñetero verano! Y aprendieron malamente. Y mi espalda se quedó tocada para los restos. Y las peleas con mi marido por el “ahora te toca a ti”. Y las peleas con los niños porque “no lo estás haciendo bien” y “eres tú que no sabes agarrarme bien”. Y por supuesto, el tan manido “¡me he caído por tu culpa!”.
Así que no lo dudéis, si tenéis que enseñar a vuestros hijos a montar en bici, dos deditos agarrándoles el cuello y ¡mano de santo!
Y no penséis que se mantiene durante un ratito y ya está, no. El niño se da paseos con nosotros de unos cuatro kilómetros que, no es que sean la Vuelta a España o el Tour de Francia, pero para sus seis añitos ¡están estupendos! Y sin caerse ni una sola vez.

¿Es milagroso o no es milagroso? 
¿Cómo enseñasteis vosotras a vuestros hijos a montar en bici? 
¿Qué tal quedaron vuestros riñones?



2168.- Con la edad…

2168.- Con la edad…

Me he vuelto una cagona… Ya no soy aquella alocada veinteañera que no tenía miedo de nada. Que no pensaba. Que simplemente actuaba. Y si había que tirarse, me tiraba. Y si había que correr, corría. Y si había que saltar, saltaba. 
Y ahora, sobre todo, me da mucho miedo la velocidad. Y por supuesto, que les pase algo a mis churumbeles. No soy especialmente precavida. Y tampoco quiero que ellos sientan mis miedos. Ni contagiárselos. Pero no puedo evitarlo. Ahora, con la edad, me he convertido en una cagona
La demostración más clara, acabo de vivirla. Mi querido esposo mantecoso se ha comprado un quad como regalo especial por cumplir los cincuenta. (Sí. Estoy casada y me acuesto cada noche con un cincuentón y todavía ando superándolo). Acabo de probarlo por primera vez. ¡Tremendo! ¡Iba enganchada a su cuerpo cual koala! ¡No le he clavado los dientes en el cogote de puritito churro! 
Y no dejaba de pensar que los niños se montan con él y van tan felices. Y no he parado de advertirle que por muy enganchado que lleve a los niños, por mucho que lo crea, los botes por el campo son increíbles y en cualquier momento, pierde a uno por el camino y ¡ni se entera!
¡Qué mala es la edad! Además de volverme barrigona, está acabando con mi espíritu aventurero. ¡No puede ser! Debo resistirme. Combatir los miedo como combato la celulitis. O mejor. Porque lo que es la barriga y la celulitis, las combato malamente… Pero, sin dudarlo, debe ser otro de los achaques (cualquiera diría que soy una abuela) que debo anular. Por mucho que me cueste. Aunque acabe con todas las uñas. El pelo canoso ya no se me puede poner porque ya lo tengo. (Otro achaque…) Así que, me tomaré el quad como otra prueba a superar. 
Le pediré a mi marido que me de un paseíto todos los días. Que hoy sólo hemos bajado al pueblo a hacer la compra. Le pediré que me llevo por medio del monte. ¡Que yo me lanzo y me pierdo! Y si hay una piedra, que la pille. Y si ve un bache, que no lo esquive, que acelere y lo saltemos. Y que derrape. ¡Con dos ovarios bien grandes! ¡Quién dijo miedo!
¡Aquí me tenéis! ¡Sin complejos!
Ya os contaré como termina la historia. Espero que con los dientes en su sitio y los niños todos sanos y salvos. Mi marido que haga lo que quiera. Que yo lo quiero mucho pero la sangre tira y él no lleva la mía. ;D 
Y vosotras, ¿habéis notado que con la edad tenéis más miedos? ¿Soy yo la única cagona?
2160.- La niña y el mocho

2160.- La niña y el mocho

Sí. Ese título. Así, tal cual. Porque lo de “tareas domésticas” no me gusta…
El caso es que ayer tuve otro encontronazo con la niña a cuenta de fregar la cocina
Para aquellas que no lo sepáis, tengo una niña de doce años con un pavo que le coge todito entero todo el cuerpo.  Y ayer, estaba castigada a fregar la cocina después de comer. Total, que llena el cubo con poquita agua, echa un mini chorrillo de fregasuelos y se pone a fregar.

vía 5estrellicas.es
¡Madre mía! ¡Qué arte! ¡El mocho sólo rozaba el suelo! Nada de fregarlo. Rozarlo como la que pasa malamente el plumero por las estanterías.
A su tía y a mi nos dio la risa, lógicamente. Y ella, que tiene demasiado orgullo y amor propio, se cogió un cabreo toledano pero terminó fregando toda la cocina.
No soy yo de enseñar labores domésticas. No creo que haga falta empezar pronto con ese coñazo. Es una cosa que, antes o después, aprendes a hacer sin necesidad de “extra escolares”. Ni a ella ni a los niños. Es algo que si puedo, prefiero pagarlo y que me lo hagan porque yo también lo odio. Y, aunque no hay que negar ningún tipo de conocimiento, pues como que ese me da pena y pereza tener que enseñarlo.
Mi madre tampoco fue de esas madres que inculcan los quehaceres domésticos a sus hijos. Y lo digo tal cual, hijos. Tengo dos hermanos y son mucho más apañados, domésticamente hablando, de lo que soy yo. Es una parte de la vida familiar que no me gusta y aborrezco. Y ha sido así de siempre. 
Mis amigas han sabido manejarse siempre en ese terreno desde pequeñitas y yo, pues como que lo he aprendido cuando lo he necesitado. ¡Tampoco hay que ser Einstein para coger el mocho!
El caso es que me temo que, lamentablemente y después del super cabreo irracional que se pilló, la niña seguirá fregando la cocina durante toda la semana. Verás como al final, aprende y ¡pasa el mocho con mucho más arte!
Y vosotras, ¿enseñáis a vuestras hijas? ¿Os obligaron a hacerlo de pequeñitas?

2156.- El final del Mundial

2156.- El final del Mundial

Sí. Ya ha acabado. Menos mal. Seguro que casi todas estamos contentísimas de que el dichoso Mundial de Fútbol haya acabado. 
En mi casa, el gran futbolero es mi hijo mediano. Pero, el padre, que siempre presumía de que no le gustaba el fútbol, ha cambiado para convertirse en un reconvertido pesado y cansino. Debe ser que todos los hombres llevan un futbolero dentro de sí y, antes o después, aparece. ¡Como un alien! ¡Qué horror!
Como tuvimos la boda de un familiar muy cercano en Cádiz, llegamos en el tren justo para ver la dichosa final.
La niña mayor y el pequeño se fueron a la cama. Yo les acompañé un ratito hasta el final del partido ya que, lo que me gusta ver es, cuando le dan la copa y todo ese rollo. Siempre me alegro mucho por el que gana pero, las imágenes de los perdedores llorando me dan mucha lástima, a la vez que me pregunto cómo alguien puede llorar con tanta desesperación sólo por haber perdido un Mundial de fútbol. ¡De fútbol! Vamos, ¡que no han perdido a un familiar querido! ¡Ni el techo que les cobija! ¡Ni el trabajo!
Total, que estaba con estos pensamientos medio dormida cuando me doy cuenta de lo más importante de toda la final. De los tres países que allí se congregaban, Argentina, Alemania y Brasil, los dirigentes son ¡mujeres! 
Imagen via Centinela.Mx
¡Aleluya!
¡Qué pena tan grande que no asistiera la presidenta de Argentina para semejante foto! 
¿Será que ya vamos cambiando de mentalidades? ¡No perderemos la esperanza de que, algún día, quizás para nuestras hijas, exista en el mundo la igualdad real! ¡No perderemos la fe en que algún día, la conciliación laboral será un hecho natural y no un problema para las empresas y las mujeres que quieren ser madres!
En España, hoy en día, existe un problema grave de natalidad. Las mujeres ya no tenemos hijos. (Bueno, yo he cumplido con tres) Es muy difícil en esta sociedad tener hijos y trabajar al mismo tiempo. Sólo puedes decidirte a sacrificar tu trabajo por tu maternidad, si la otra parte tiene un buen sueldo que os permite seguir viviendo. Si no, los sacrificados son los abuelos o los niños en guarderías interminables.
Pero da igual. Los dirigentes se lamentan pero no ayudan. No se dan cuenta que, el horario partido que impera en muchas de las empresas, es anacrónico e innecesario. Que las mentalidades de muchos y muchas frente a este tema, son anacrónicas e injustas.
¿Sería diferente en España si gobernara una mujer? ¿Tendría la suficiente sensibilidad femenina como para poner fin a todo este desagravio?
No lo tengo claro. Fue muy gratificante comprobar que las tres dirigentes eran mujeres pero no tengo claro que, el ser mujer sólo por el hecho de ser mujer, nos haga más sensibles a diversos temas.
Me temo que una vez que escalas a ese puesto, las hormonas masculinas se imponen frente a las femeninas ¡y a la porra la sensibilidad femenina!
Tú que crees, ¿es mejor y más justo un país sólo por el hecho de estar gobernado por una mujer?
2134.- Reunión de vecinos vs. reunión de padres

2134.- Reunión de vecinos vs. reunión de padres

No lo tengo claro. No se cuál de las dos reuniones es peor.
Por un lado, las reuniones de vecinos con los que no tienes por qué tener nada en común. Sólo nos une la elección de ciudad, barrio, edificio, urbanización en la que vivimos. Sin embargo, donde vives es importante y tu relación con ellos también. Sobre todo, si compartes jardín y piscina como en nuestro caso. 
Yo he bajado a varias reuniones de vecinos aunque hace tiempo que, ni mi marido ni yo, asistimos a ellas. Por múltiples razones. Entre todas ellas, la pereza. Pero somos conscientes que, si no bajas, luego no puedes quejarte. Hay que apechugar con lo que se haya decidido. Y así lo aceptamos. Salvo raras excepciones, creo que somos una comunidad más o menos normal y por tanto, las decisiones suelen ser lógicas.
Al otro lado del ring, las reuniones de padres. Con ellos tienes en común el colegio elegido para tus hijos. Para la educación de tus hijos con lo cual, el tema es sumamente importante y voy a todas las reuniones que me convocan. Sin embargo, me doy cuenta que, aunque debería tener mucho en común con estos padres, nuestras formas de pensar son dispares. Sobre todo, al encarar un problema. Probablemente, no nos diferenciemos mucho en la base pero, sí en los diferentes escalones hasta la cúspide. 
Y lo que me alucina en ambas reuniones es, la facilidad con la que las personas (y me incluyo sin dudarlo) nos ponemos en evidencia. Como, sin darnos cuenta, sin quererlo, metemos la pata hasta el fondo con nuestros comentarios. O con nuestras preguntas. No siempre. No todo el mundo. Pero siempre se da algún caso. 
Creo que es un problema de los nervios y la falta de costumbre de expresarnos en público. No todos estamos preparados para ello. Yo, particularmente, no me explico igual de bien hablando que escribiendo. ¡Y mucho peor si tengo público por pocos que sean! Por eso siempre estoy calladita. Con la boquita bien cerrada.
Ahora bien, tampoco vamos a negar la existencia del tonto de turno. Quien dice tonto, dice tonta. Simplón. Inoportuno. Metepatas. Prepotente. Noño.
Cuando aparece uno de éstos, yo me hago cruces. Sobre todo, en el caso de las reuniones de padres del colegio porque pienso, “si el padre o la madre es así, ¿cómo será el niño?” Y seguidamente y en cadena, pienso, “y a ese niño tienen que aguantarle mis hijos”…
Claro que los niños llevan todo mucho mejor que los adultos y frente a un perla de éstos, lo ignoran y punto. ¡Ellos sí que saben manejar las situaciones difíciles!
¡Ay qué fácil sería todo si nosotros tuviéramos ese poder! ¡Cuántos quebraderos y disgustos nos evitaríamos! Voy a ver si lo pongo en práctica…

Y vosotras, ¿cuál de las dos reuniones preferís? ¿La de vecinos o la de padres? ¿O ninguna?

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